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Cuando quiero a alguien de verdad, no me gusta decir su nombre a nadie. Es como ceder una parte de él. Me he acostumbrado a amar el secreto. Es lo único que puede hacernos la vida moderna misteriosa y sorprendente. La cosa más vulgar se vuelve deliciosa en cuanto alguien nos la esconde. Yo, cuando me voy al campo, nunca digo adónde. Si lo hiciera, perdería todo encanto. Es una mala costumbre, lo confieso; pero no deja de traer cierto elemento novelesco a la vida de uno…
El Retrato de Dorian Gray - Oscar Wilde (via hachedesilencio)

(Fuente: cutiestglitter)

No sé si a ti también te pasa, que te tumbas en la cama las tardes en las que no tienes que hacer nada, y te dispones a leer, o a ver una película y no puedes porque no te concentras, porque algo te da vueltas en la cabeza dejando todo lo demás en un segundo plano. No puedo prestar atención a cosas triviales, no puedo simplemente ignorar las cosas importantes. A veces creo que pienso demasiado, que me preocupo por lo mínimo haciendo un mundo de problemas donde sólo hay algo que falla, nimiedades que me afectan.

(Fuente: indirectas)

De pequeña solía levantarme a mitad de la noche, empapada de sudor, llorando y con la brusca necesidad de ir a dormir en a cama de mis padres. Tenía pesadillas de todo tipo. Desde aquellas en que caía y caía por un agujero negro sin fondo, hasta donde un tipo me enterraba un cuchillo siete veces en la espalda. Siete brincos que daba aun dormida en la cama. Noche tras noche, las pesadillas se hacían presentes. Una vez soñé que me veía en el espejo, y veía a uno de mis dientes tambalear, entonces lo quitaba yo misma de mi boca, pero al hacerlo, todos los demás dientes se salían, como un collar hecho de dientes. Otras veces, soñaba que al despertar, bajaría al desayuno, y todos estarían en la mesa, inclusive yo, bueno, mi otro yo, y entonces pelearíamos a muerte y mi familia no haría nada, solo observar, hasta que yo muriera y ellos siguieran su desayuno con el extraño. Habían demasiadas pesadillas. Entonces crecí, y me resultaba peculiar, que lloviera, se fuera la luz y me fuera a dormir completamente sola en casa, y cerraba los ojos, y dormía todo lo que quería sin soñar feo. Estoy preocupada, ¿saben? Tengo terror que ahora que no hay pesadilla alguna, haya perdido la capacidad de soñar, que haya crecido igual que otros aburridos adultos, carente de imaginación y miedos. Como si todo fuese gris cuando todo era de colores. Tengo miedo, de olvidar que alguna vez, hubo un tiempo en que nada me lo tomaba en serio, salvo revisar abajo de la cama si se escondía un monstruo. Tengo miedo de crecer.
Y olvidar.
Y dejar de ser quien era.
Y volverme seria y aburrida.
Tengo miedo y no hay nada que pueda hacer.
A menos que esto sea una pesadilla también, quizás despierte después y me de cuenta, que sigo siendo una niña miedosa.
Ojala así sea.
Y si no, prefiero no volver a despertar.
Frustraciones, volumen II; Una Escritora Amateur (via una-escritora-amateur)

«Pienso en ti muy despacio, como si te dibujara dentro de mí y quedaras allí grabado. Quisiera tener la certeza de que te voy a ver mañana y pasado mañana y siempre en una cadena ininterrumpida de días; que podré mirarte lentamente aunque ya me sé cada rinconcito de tu rostro; que nada entre nosotros ha sido provisional o un accidente» (en [-22 💏])

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